Baile de los Diablitos -Boruca 2017-2018-

Boruca: El espíritu de Cuasrán, ¡más vivo que nunca!

“Seguimos luchando, siempre luchando porque hay muchas cosas que nos azotan, que nos golpean y que nos quieren destruir. Pero nosotros seguimos en la lucha a pesar de todo. Seguimos luchando por mantenernos. Por mantener nuestra cultura, por mantenernos siempre unidos trabajando para el bienestar de la cultura.”– Damaris Morales, maestra (http://www.boruca.org/es/boruca/)

Este 2 de enero del 2018 no fue un año cualquiera para una de las fiestas más conocidas del pueblo indígena boruca: El Baile de los Diablitos (Cabru^ roj en idioma brunca).  A decir verdad, ningún año lo es. Pero este que pasó se caracterizó por dos acontecimientos inéditos: la iniciación de una Comisión de Diablos prácticamente renovada, junto con la celebración del acto oficial de declaración del baile o Fiesta de los Diablitos como patrimonio cultural inmaterial de Costa Rica.

Gracias al esfuerzo conjunto de instituciones gubernamentales, de académicos, de amigos  y amigas de los poblados indígenas de Boruca y Rey Curré; asimismo, por medio de la intervención de la Presidencia de la República y de la actual Ministra de Cultura y Juventud se obtuvo, mediante una publicación en la Gaceta, este importante reconocimiento al baile como una manifestación cultural de interés nacional. De tal forma, se logra visibilizar una tradición de carácter histórico que entre sus objetivos busca traspasar de generación en generación la forma de percibir el mundo, así como contar la historia de un hito fundamental para el pueblo boruca: el encuentro, lucha y resistencia ante la llegada de los españoles.

Este tipo de manifestaciones de resistencia recorre todo el continente; sin embargo, el baile boruca es singular, pues a diferencia de otros pueblos indígenas, los diablitos (indígenas boruca) resucitan de la muerte a manos del toro (representación de los españoles) y logran derribar y quemarlo al cuarto día de la fiesta.

Cada 30 de diciembre, pasada la media noche, se reúnen el pueblo y los visitantes a esperar el nacimiento de los Diablos Mayores y los Diablitos, quienes recorrerán el pueblo durante cuatro días.  Más de cincuenta hombres mayores de 15 años suben a un cerro y bajo la bendición de los Diablos Mayores nacen. A partir de este momento no es posible percibir la diferencia entre la realidad y la fantasía, pues los diablos inician una especie de trance a partir de la colocación de la ropa tradicional hecha de sacos de gangoche, y cubren sus rostros con máscaras verdaderamente fantásticas. Las bombetas anuncian el nacimiento, acto que es acompañado por una melodía interminable durante los cuatro días e interpretada por un grupo de músicos. El sonido de la flauta, los tambores y el acordeón acompañan y alientan a los diablos a iniciar el baile. Acompañados por el pueblo y motivados por la bebida tradicional a base de maíz conocida como “chicha”, se inicia una especie de procesión de casa en casa por todo el pueblo que tarda los cuatro días.

             

En la noche del nacimiento, y en esta ocasión en especial, se rindió homenaje a los Diablos Mayores que fallecieron durante este año; la manera de hacerlo fue pedirle a los diablos que se pusieran de rodillas frente a la vivienda del Diablo Mayor y guardaran un minuto de silencio. En total partieron doce Mayores, lo que generó un reto importante para la nueva Comisión conformada por Diablos Mayores relativamente jóvenes.

Son las tres de la mañana y el cansancio impide acompañar al grupo de diablos en su andar por los corredores, patios y calles de Boruca. Cuando regresan las fuerzas a la mañana siguiente, inicia el juego entre el Toro y los Diablos. El Toro se armó el primer día del nacimiento en la casa del Diablo Mayor, acompañado de chicha, bombetas y una gran tamaleada protagonizada por las mujeres de la familia y la comunidad.

El Toro es manejado por un grupo de jóvenes comprometidos, quienes también animados por la chicha se turnan para –literalmente- torear a los diablos, una confrontación constante en medio de polvo, sudor, sol, lluvia y el sonido de los tambores y la flauta. El tiempo de estancia entre cada casa es marcada por el cambute o caracol, soplado fuertemente solamente por los Diablos Mayores, quienes se pueden distinguir por los pañuelos rojos colocados en sus cabezas. Otro rango que se puede observar dentro del juego es el de los arreadores, encargados de mantener el orden general del juego y estar al tanto de que todos los diablitos estén comportándose y jugando bajo las reglas. Cada uno lleva un distintivo, su collar, que identifica el rango y la tarea que debe cumplir cada quien.

Al conversar con las mujeres del pueblo, especialmente las madres, se percibe una tensión muy fuerte con respecto a sus hijos varones. Hay una clara intención comunitaria en rescatar y mantener este baile como una manifestación cultural en resistencia a la cultura de afuera, la dominante; por lo tanto, es importante mantener el deseo de participar, tanto en los adultos como en los jóvenes, quienes solo pueden participar al cumplir 15 años. Pero este baile es también una puerta de entrada para el consumo de alcohol. Esta tensión, que podría parecer una aparente contradicción, en realidad es parte de la complejidad de esta y muchas otras comunidades que se caracterizan por el encuentro de manifestaciones culturales, sociales, políticas y económicas distintas, a veces contrapuestas, incluso religiosas, donde “comulga” la tradición cristiana o católica con la cosmovisión indígena. En todo caso, la Fiesta de los Diablitos es un espacio propio boruca para defender las raíces y para invitar a las y los turistas a repensarse desde sus zapatos, a intentar ir más allá y para apreciar el arte boruca plasmado en máscaras que expresan la forma de percibir el mundo, los bienes comunes y su relación con la naturaleza.

Finalmente, al cuarto día de celebración y baile, todas las personas se acercan al centro del pueblo donde se llevará a cabo el proceso de matanza de los diablos por parte del Toro. No es casual que llueva, las bombetas no paran de anunciar un momento sagrado. Todos los diablos se acercan con las mejores máscaras, talladas por ellos mismos y en muchos casos pintadas por sus compañeras, madres e hijas. Aparecen una serie de otros personajes destacados, entre ellos las diablas, los animales del bosque, el perro, los músicos y por supuesto el Toro, que irá poco a poco matando a los diablos, hasta que solamente quedan los Diablos Mayores quienes mueren de último.

La leyenda cuenta que Cuasrán fue un antiguo cacique y líder destacado en la comunidad que huyó de los españoles, se considera un espíritu sagrado, que cuida de la comunidad y  que siempre viene a la fiesta en forma de espíritu humano y podría ser cualquier persona de la comunidad o visitante. Se vive en Boruca un aire de gran hospitalidad y se come muy bien, están acostumbrados a recibir a gran cantidad de turistas en esta época, pero sigue manteniendo la atención de todas las personas que conforman Boruca durante el resto  del año.

Cuando finalmente muere el último Diablo Mayor, el Toro sale a esconderse y son los niños los encargados de ir a buscarlo y traerlo al fuego. En ese espacio “resucitan” los diablos, lo atrapan y le dan muerte en un ritual -un tanto peligroso por el fuego- que no deja de cautivar a todas y todos los presentes.

El acto oficial liderado por la Ministra de Cultura, Sylvie Durán, abre la posibilidad al Estado costarricense de iniciar una nueva era en el reconocimiento de prácticas, salvaguardas y manifestaciones culturales que dan cuenta de la diversidad de formas de convivir en Costa Rica. Estas prácticas han existido desde tiempos inmemoriales  y serán reproducidas año a año por la comunidad indiferentemente del reconocimiento del gobierno. Esto por varias razones, una importante es que fortalece el desarrollo económico local de Boruca y logra atraer a los familiares y amigos que viven fuera, constituyéndose en un verdadero espacio de encuentro.

El reto es en realidad para el Estado, quien según el mismo decreto tiene la responsabilidad de legislar y resguardar esta práctica, que claramente es una forma de  resistencia ante los fuertes cambios culturales que buscan borrar la memoria histórica y poner en riesgo la cultura de Boruca. Esta responsabilidad del Estado puede ir más allá y dar atención a las necesidades cotidianas que vive la población durante el resto del año.

Por nuestra parte, quedamos con la certeza de que, si bien la Fiesta de los Diablitos es la representación cultural más llamativa de Boruca, esta comunidad es un ente vivo, con una intención clara de amor y rescate de sus tradiciones y sin miedo a usar los recursos contemporáneos para así preservarlas. Esta es una muestra del primer acercamiento a esta comunidad en la búsqueda de nuevas aristas que le dan profundidad a una tradición ancestral costarricense como lo es el Cabru^ roj (Fiesta de los Diablitos).

El último día de la Fiesta de los Diablitos, los participantes nos muestran sus mejores máscaras, algunas heredadas de familiares que eran antiguos jugadores, otras realizadas o arregladas por ellos mismos.
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