Decoloración Patriótica.

Tiempo de austeridad, período sombrío de inestabilidad socioeconómica y de zozobra, los colores que nos unen e identifican han adquirido nuevas perspectivas. El odio en las calles representado por camisetas deportivas con banderas que colonizan espacios públicos que identifican a otros hermanos, hermanos que por nacer en alguna nación cercana han sido castigados, al tiempo que entre desconocidos e iguales entre gritos de algarabía y con las mismas camisetas celebramos juntos algún gol mundialista, todo en la calle, en los espacios públicos.

El color y los símbolos patrios adquieren una nueva dimensión – el individuo, la sociedad, el Estado y su gobernanza dan muestras de tener diferencias ideológicas, de no encontrar espacios de empatía donde la construcción social acoja nuevas fuerzas. Es momento de pensar en blanco y negro, de reflexionar sobre nuestros aportes a la nación, a la patria; el momento histórico demanda honorabilidad con la causa, compromiso, de los contextos jurídicos e institucionales, de la individualidad, de las Autoridades, de los nuevos patriotas, como nuevo símbolo, en honor a lo que nos identifica.     

 

(Re)pensando símbolos patrios.

Desde niños, en la escuela, se nos enseña de los símbolos y signos patrios; a reconocerlos, distinguirlos y atesorarlos. Debemos portarlos en todo lado con orgullo y con la frente en alto. Nos lo enseñan los mayores, aquellos que consideramos nuestros superiores – las autoridades oficiales, nuestros papás, nuestros profesores. Lo vemos repetido a nivel nacional – los uniformes que porta el personal oficial del gobierno, con su banderita al lado, es igual en significado al uniforme que usamos desde que entramos a la institución que llamamos escuela.

Le ponemos más atención a hacer caso, a respetar los símbolos, a memorizar el himno y repetirlo, manteniendo nuestra mano derecha en el corazón, que en entender y apropiarnos de lo que simboliza ser de aquí, de Costa Rica. Nos cuesta, entonces, reconocer cuando hay actitudes (incluso propias) que irrespetan la integridad de lo que es ser tico. 

Se acerca la fecha del 15 de setiembre y se vuelve más notoria esta escuela inculcada, dando paso a un de lo que usamos para que nos signifique y nos represente.

Todos uniformados, todos cargando la bandera de la misma manera, todos respetando a algún superior – el o la líder de la banda, el o la directora de la escuela, el o la policía que restringe el paso de civiles en el desfile. Es aquí donde, además, se vuelve notorio ese traslape entre los símbolos y las figuras – de representación y de autoridad – que nos rigen.

 

En tiempos blancos y negros.

Se dice popularmente que los tiempos han cambiado y cierto es que permanecen mutando día con día, nuevas tecnologías, nuevas modas, nuevas ideas afloran y diferentes formas de pensamiento surgen. Podemos entonces decir que es de ahí donde nacen las buenas y las no tan buenas ideas y las personas que las apoyan: Las que se van de un lado o del otro, están los que luchan a favor de lo que creen correcto y los que ni se inmutan en expresarlo. Siempre ha sido así, la historia lo respalda; quizá no es tan grande el cambio entonces.

Es por esto que nuestro actual panorama no es algo nuevo, solo que no lo veíamos desde hace mucho tiempo: El pueblo entero envuelto en una discusión sobre crisis fiscal, transportes, sexualidad y xenofobia. 

El cumpleaños de la patria, el 197, se vive en dolo, la patria está enferma lo sabemos pero no buscamos medicina. Instituciones se empeñan en segregar más que en unir y la alta presencia policial en un espacio público que se supone es familiar como lo son los desfiles de independencia solo me llevan a pensar que no son para prevención sino más bien un acto político, un acto de control social meditado y para nada descabellado, teniendo en cuenta los acontecimientos a los días previos a las fiestas patrias.

En tiempos blancos y negros debemos hallar un mejor matiz, uno que nos guste y sirva a todos.

Nueva voluntad a la Patria.

En cada ritual de uso de nuestros símbolos patrios, una nueva oportunidad de análisis. La distinción de los aportes de una nueva generación de patriotas costarricenses, participantes activos y demandantes de la tradición del “ser costarricense” es un tópico relevante que amerita delicada atención. El actual contexto socioeconómico y social costarricense, el acceso a la información y a las nuevas tecnologías, al intercambio de estas y el cotidiano constructo de nuevos símbolos costarricenses desde diferentes flancos.

La gobernanza y la colectividad popular ciudadana contribuyen a crear espacios con un clima perfecto para hacer posible ese trueque, muchos de ellos en las calles de manera pacífica, ambientes accesibles y en conmemoración de un año más de libertad y soberanía, de autonomía individual y colectiva.

Se distingue la apertura y los nuevos aportes de las nuevas generaciones de costarricenses en los elementos, en lo más básico como en los diseños de las vestiduras y en las notas musicales interpretadas por los jóvenes, pero también en las estructuras de autoridad, control y seguridad: El gobierno y sus instituciones, a través de sus mecanismos de control de las actividades, la publicidad de las mismas (su naturaleza) se ve amenazada, más no impedida, por el momento. 

Ante este panorama de tensa convivencia entre diversos e iguales, el momento histórico político nacional, la situación migratoria y el despertar de odios añejos y reprimidos de alguna mínima fracción de la sociedad costarricense, “la/el nuevo patriota” adquiere nuevas responsabilidades, la búsqueda de nuevas aspiraciones, ideales comunes, adquirir consciencia de sus privilegios, un despertar de confianza y de sentido de comunión, más allá de las banderas y de los colores que la distinguen, la colectividad y sentido patrio alude a ello, nuevos costarricenses participando comprometidos con el desarrollo en todas las escalas.

Los “nuevos patriotas” como un inédito símbolo nacional costarricense, una generación que  requiere de nuevos procesos de independencia, de ser vanguardia y revolución.

 

De la sombra a la luz.

Primero fueron los bailes, por último el cansancio.

Costa Rica se ha caracterizado – o al menos ha tenido una imagen – de país tranquilo, pacífico, seguro, honesto. El 15 de setiembre se celebra la independencia de nuestra nación.

El país está viviendo un momento de incertidumbre en varios ámbitos importantes, los cuales pueden llegar a dictaminar el bienestar de una nación. Esto no es una celebración, esto es un momento para reflexionar y actuar.

A pesar de todo, el evento que se realiza para el festejo involucra la oficialidad y la institucionalidad de parte del estado. Durante la manifestación existe la posibilidad de llegar a presenciar distintas particularidades que suceden en la calle, en el espacio público. Estos momentos marcan de alguna forma la experiencia tanto del participante así como la del observador, creando cuestionamientos, mostrando una cara positiva, denotando que el trabajo, el esfuerzo y el orgullo son pilares esenciales para el bienestar común.

¿Hacia dónde queremos dirigir a nuestra patria?  

Síguenos y comparte en redes sociales:

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *