El Hábito de la Memoria

La muerte vive y se vive. La muerte celebra y todos los mexicanos celebran con ella. Digo ella porque en realidad no sé bien quién es. ¿Es una catrina? ¿Un fantasma? ¿Un jinete misterioso? ¿Un caballero de negro que llega a visitar durante la noche? Las representaciones varían, pero el sentimiento permanece calmo.

Esperaba encontrarme con una festividad solemne, donde se vive la muerte en silencio, pero vi más bien una muerte viva, una muerte llevada muy desde adentro por todos, grandes y pequeños, celebrada en los disfraces, en el compartir en familia, en el bailar al son de la comparsa, en el comer, en el recordar…

Si la vida se vive y se celebra, la muerte también. ¿Por qué tendría que quedar ella por fuera del gozo, de la fiesta que tanto caracteriza México?

Celebran la vida dentro de la muerte, porque no existe una sin la otra. Celebran la muerte como parte del camino, de nuestro destino. Celebran el recuerdo de los que estaban pero no se van. Celebran que todos estamos unidos, que todos seremos visitados por la muerte.

Esta visita es un sentimiento latente en medio de todo. Parece apoderarse no solo de las personas, sino también de las ciudades, que se notan ansiosas de despertar tal cual los muertos. Es como si los días previos algo vibrara y se preparara, para el 31 en la noche explotar, despertar, revivir.

La muerte, y aquellos que ya han sido visitados por ella, habitan en la memoria de los vivos, de los de este lado, que todos los años se preparan – les alistan el altar, los visitan, los velan durante la noche, comparten al día siguiente en casa.

No es igual todos los años, a veces no alcanza para mucha cosa en el altar, pero siempre se recuerda, siempre se celebra y al menos un trago de mezcal queda colocado en la ofrenda.

Central de Abastos, Oaxaca. 29 octubre 2018. 4:49pm
©ElBloqueDocumental
« 1 de 10 »
Síguenos y comparte en redes sociales:

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *