Semana Santa: Escena y ritual.

La gente de Cot de Cartago dice que la tradición de las cintas la trajo un cura de Guatemala.

En Guatemala nadie recuerda una tradición similar.

Igual de contradictoria debe ser la historia detrás de las alfombras de aserrín de Nicaragua o de sal en El Salvador.

Es difícil de precisar, pero existe un momento en el cual las celebraciones dejan de ser una imposición de una jerarquía, y se vuelven parte de una identidad, una construcción colectiva de símbolos y significados.

En Centroamérica la fe es un factor importante en la construcción de comunidad.

Durante la Semana Santa la vivencia íntima de la religión se vuelve parte de una celebración colectiva.

En cada pueblo existen elementos propios que dan color a las actividades, se frena la rutina cotidiana, y se abre una ventana de excepción.

Existen diferentes niveles de participación, desde el mero espectador, hasta quienes forman parte de alguna cofradía y aportan trabajo y esfuerzo físico en la realización de las tradiciones.

 

Es muy tentador dejarse llevar por la mirada que viste de “exotismo” las celebraciones de la Semana Santa, mirar nuestras tradiciones como si nos fueran ajenas, sin embargo los símbolos que juegan durante la Semana Santa, nos resuenan en las fibras más profundas de la propia identidad.

Una tarde en la catedral, punto de encuentro entre creyentes y espectadores. A punto de dar inicio (el espectáculo, la obra).
León, Nicaragua.
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